Al priorizar su propio bienestar, los directores ejecutivos emergen como la mejor versión de sí mismos para sus equipos, familias y organizaciones.
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He trabajado con miles de directores ejecutivos brillantes y motivados que se destacan en enfrentar desafíos comerciales complejos pero luchan por manejar su propia salud. A lo largo de los años, he sido testigo de cómo estas personas talentosas luchan con las consecuencias, desde quemaduras hasta diagnósticos de salud graves. Cuando se necesita amor duro, les digo: “Los directores ejecutivos que mueren no cumplen sus objetivos”. Es un hecho maravilloso, pero que impulsa la absoluta necesidad de un dominio proactivo de la salud. Esto no es egoísta: al priorizar su propio bienestar, el CEO emerge como la mejor versión de sí mismo para su equipo, familia y organización.
Dos trampas que impiden a los directores ejecutivos priorizar su salud
El mayor obstáculo que escucho de los directores ejecutivos cuando se trata de priorizar su salud es: “No tengo tiempo”. Pero la realidad es que después de dormir las siete u ocho horas recomendadas, tienes alrededor de 100 horas de vigilia a la semana. Entonces, ¿por qué los directores ejecutivos evitan el dominio de la salud? Eso es todo hasta el ego.
Muchos directores ejecutivos tienen miedo de recibir un mal diagnóstico, lo que los lleva a evitar la atención médica. Prefieren no saber qué pueden esperar. Ese miedo es una respuesta impulsada por el ego, la parte de nuestro cerebro negativo que quiere que destruyamos y creamos lo peor. Sin embargo, no saber no responde nada; Sólo sabiendo lo que está sucediendo se puede hacer algo al respecto.
El ego también impide que los directores ejecutivos sean vulnerables y busquen ayuda. La creencia profundamente arraigada de que un director ejecutivo debe tener todas las respuestas y nunca mostrar debilidad hace que sea muy difícil admitir una lucha. Esto agrava los problemas de salud relacionados con el estrés, al tiempo que los desalienta aún más a buscar el apoyo que necesitan.
Hábitos diarios para el dominio proactivo de la salud
Cuando entreno a directores ejecutivos sobre el dominio de la salud, me concentro en tres hábitos diarios. Incorporarlos a la rutina del día a día ayuda a que cuidarse sea una disciplina. Comienza por dedicar una hora todos los días a tu salud. Ya sea ejercicio, aptitud mental o alimentación saludable, debe programarse como una reunión de negocios crítica.
Luego está el sueño. Muchos directores ejecutivos se jactan de lo poco que necesitan dormir, pero ésta es una receta para el desastre. Si no duermes las siete u ocho horas recomendadas, aceleras el proceso de envejecimiento y aumentas el riesgo de sufrir problemas de salud, desde enfermedades cardiovasculares hasta problemas de salud mental. Dormir poco también significa que no puedes desempeñarte eficazmente como director ejecutivo: dormir mal dificulta la toma de decisiones, aumenta la volatilidad emocional y la hace más difícil. mantén la paciencia en el trabajo.
Finalmente, recomiendo utilizar técnicas de buenos libros. Inteligencia positiva por representantes de Shirzad Chamine-PQ (inteligencia positiva). PQ es una práctica de atención plena que restablece y redirige tu atención al momento presente. Diez segundos de repeticiones de PQ, realizadas 100 veces al día, entrenan tu mente para conectarte, calmar tu sistema nervioso y acceder a tu cerebro inspirado, para que puedas responder en lugar de reaccionar a las personas y situaciones que te rodean.
CEO saludable, organización saludable
Una vez entrené a un director ejecutivo de cincuenta años que sufría un ataque de pánico por primera vez en su vida. Se había esforzado demasiado y había descuidado su bienestar mental: no había dormido lo suficiente, viajaba mucho y bebía demasiado para controlar el estrés. Con el apoyo de su médico y aprendiendo prácticas de inteligencia positiva, superó sus ataques de pánico. Ese trabajo también cambió su enfoque de liderazgo y lo llevó a convertirse en un director ejecutivo más eficaz.
Su historia es un recordatorio de que el cuidado personal no es egoísta: se contagia a todos los que te rodean. Cuando hace de su salud su prioridad número uno, rompe el ciclo del agotamiento y da un buen ejemplo a su familia, su equipo y toda su organización. El director general murió y no cumplió el objetivo. Los directores ejecutivos saludables no sólo cumplen objetivos: pueden liderar de manera más efectiva e inspirar a todos los que los rodean.