Este artículo apareció por primera vez en The Conversation.
La Copa del Mundo ha capturado la imaginación de muchos niños australianos.
Durante las últimas tres semanas, vieron fútbol con familiares y amigos, hablaron sobre partidos escolares, se vistieron de verde y dorado y mantuvieron grandes esperanzas en una victoria australiana.
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Ahora que la campaña de los Socceroos ha terminado, algunos muchachos estarán muy decepcionados. No se trata sólo del resultado, sino del fin de la emoción, los rituales familiares compartidos, las conversaciones con amigos y la esperanza de que Australia haga algo especial.
Algunos niños pueden sentirse tristes al ver a sus jugadores favoritos decepcionados y molestos.
Estas reacciones son normales y están bien. Muestran cuánto les importaba a los niños la competencia.
A ningún padre le gusta ver a su hijo molesto. Pero momentos como estos también pueden ser oportunidades para ayudar a los niños a fortalecer sus habilidades de regulación emocional.
Reconocer sus sentimientos
La investigación en psicología del desarrollo muestra que los niños aprenden a comprender y manejar emociones difíciles a través de interacciones de apoyo con adultos de confianza.
Esta capacidad se conoce como regulación emocional.
Cuando los niños están molestos, nuestro primer instinto es hacerlos sentir mejor. Comentarios como “Es sólo fútbol” o “No te preocupes por eso” suelen ser bien intencionados, pero pueden hacer que el niño niegue lo que siente.

Un enfoque basado en evidencia se llama entrenamiento emocional. En lugar de intentar hacer desaparecer las emociones, el objetivo es ayudar a los niños a aprender a identificarlas, comprenderlas y gestionarlas gradualmente.
Empiece por reconocer cómo se sienten. Puedes decir: “Sé que realmente esperabas que ganara Australia. Yo también estoy decepcionado”. O “Está bien sentirse nervioso. Estás muy entusiasmado con la competencia”.
Una vez que los niños escuchen, ayúdelos a comprender lo que sienten. Podrías preguntar: “¿Qué crees que te molesta más?”
Podría ser que Australia haya perdido, o podría ser que no queden más partidos para ver.


Mantenga la frustración en perspectiva
Una vez que los niños tengan la oportunidad de hablar sobre cómo se sienten, puede ayudarlos a reflexionar sobre la competencia en su conjunto.
Puedes preguntarle sobre su momento favorito, qué gol recuerda más o qué jugador disfrutó más viendo.
Estas conversaciones les recuerdan a los niños que, incluso si el resultado es decepcionante, no borra toda la emoción y la alegría que lo precedieron.
Los padres pueden ayudar a los niños a mirar más allá de los resultados. Podrías decir: “No fue el final que esperábamos, pero ¿no fue emocionante ver a los Socceroos llegar tan lejos?”. O “Siempre recordaremos ese gol maravilloso” o “Me encantó ver el partido contigo”.
El objetivo no es eliminar la frustración. Esto es para ayudar a los niños a reconocer que la decepción es parte de una experiencia mucho más amplia.
Comprender el panorama general puede contribuir a una regulación emocional saludable.
Recuerda que los niños te están mirando.
La forma en que los padres y los adultos responden a la decepción puede determinar cómo los niños aprenden a reaccionar cuando las cosas no salen como quieren.
Está bien hacerle saber a su hijo que está decepcionado. Puede resultarles tranquilizador ver que los adultos también tienen sentimientos difíciles. Lo importante es demostrar que la frustración se puede manejar de forma saludable.
Por ejemplo, en lugar de enojarte, culpar al árbitro o criticar a los jugadores, podrías decir: “Es muy triste, pero estoy muy orgulloso de cómo jugaron los Socceroos”.
Cuando los niños ven a los adultos aceptar emociones difíciles y al mismo tiempo responder con calma y constructivamente, aprenden que la frustración es una parte normal de la vida y se puede controlar.
Ayudar a los niños a superar la depresión
La decepción es una parte inevitable del crecimiento.
Los niños no obtendrán calificaciones más bajas de las que esperaban, no formarán parte del equipo en el que quieren jugar ni se perderán algo divertido debido a una enfermedad.
No es papel de los padres prevenir estas experiencias. Esto es para ayudar a los niños a aprender que las emociones difíciles son una parte normal de la vida y que pueden entenderse, manejarse y eventualmente superarse.
Entonces, con el apoyo de adultos comprensivos, incluso un resultado decepcionante en la Copa Mundial puede convertirse en una oportunidad para que los niños desarrollen habilidades emocionales que les servirán de por vida.