La Federación Colombiana de Fútbol ha rechazado las amenazas de muerte enviadas al mediocampista Jaminton Campaz y su familia tras la eliminación de la selección nacional del Mundial.
La campaña de Colombia terminó el martes con una derrota en la tanda de penales ante Suiza en los octavos de final.
En la prórroga, Campaz, que juega en el club argentino Rosario Central, perdió una oportunidad clave de gol cuando su disparo se fue desviado.
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Tras el partido, la cuenta de redes sociales del jugador se inundó de comentarios negativos y amenazas. Decidió limitar sus comentarios en las redes sociales y, por precaución, no abordó el vuelo de regreso a casa con sus compañeros.
“Ningún atleta o cualquier miembro de su círculo íntimo debe ser intimidado para representar a su país en el campo del deporte”, dijo la federación en un comunicado.
En Instagram, Campaz compartió una fotografía con el rostro cubierto de desesperación junto con un llamado a la dignidad.
“El fútbol también se compone de momentos difíciles”, escribió.
“Mi Columbia, por favor nunca perdamos de vista el respeto. Podemos pensar diferente o sentir desilusión y tristeza, pero ninguna pasión justifica vivir con odio o miedo”.
En respuesta al acoso, la Federación Colombiana ha solicitado a la Fiscalía General del país acelerar las investigaciones para identificar a quienes están detrás de las amenazas.
“El fútbol debe ser un lugar para la unidad, el respeto y la esperanza, nunca un escenario para el odio, el miedo o la violencia”, instó la federación a los aficionados a garantizar que la frustración por el juego nunca se traduzca en agresión en el mundo real.
Estas amenazas han iniciado un capítulo oscuro en la historia del fútbol colombiano. Durante la Copa del Mundo de 1994 en Estados Unidos, el defensa Andrés Escobar anotó un gol en propia meta cuando la nación anfitriona perdió 2-1.
Luego de despedir al equipo y regresar a casa, Escobar fue asesinado en Medellín.