Los equipos de seguridad nunca han tenido tantas herramientas a su disposición: plataformas de detección, paneles de control y sistemas de alerta. La pila sigue creciendo y, sin embargo, los atacantes siguen encontrando la manera. A veces todo se reduce a la suerte.
A menudo, simplemente saben cómo moverse de maneras que las herramientas existentes nunca fueron diseñadas para manejar. Esta brecha, entre lo que su tecnología detecta y lo que pasa por alto, es exactamente donde reside la amenaza.
Ingeniero senior de seguridad de productos en Cribl.
Para los líderes de seguridad, esta brecha es un riesgo comercial, donde las amenazas no detectadas aumentan el tiempo de residencia, amplifican el impacto potencial y exponen a las organizaciones a daños financieros, operativos y de reputación.
¿Cómo ayuda la caza de amenazas a cerrar esta brecha? No espera una alerta de incendio. Parte de una pregunta completamente diferente: ¿Qué pasa si algo ya salió mal y nadie se dio cuenta? Luego comenzó a buscar respuestas.
Una mentalidad, no un rol
La caza de amenazas a menudo se malinterpreta como una función o puesto de trabajo especializado. De hecho, es una forma de pensar que debería estar integrada en todos los equipos de seguridad y comienza con un nivel saludable de escepticismo. En lugar de asumir que los sistemas son seguros, los depredadores operan bajo la premisa de que es posible que ya existan anomalías debajo de la superficie.
Es un enfoque que requiere una buena dosis de curiosidad. Los cazadores de amenazas expertos profundizan más y preguntan no sólo qué pasó, sino también por qué. Muchos estudian deliberadamente tácticas ofensivas para comprender cómo piensan y se mueven los oponentes.
Realizan simulaciones de ataques para ver qué señales aparecen en sus datos. Trabajan hacia atrás a partir de eventos pasados para determinar qué era detectable anteriormente.
Incorporar esta mentalidad en toda la función de seguridad, en lugar de aislarla dentro de un solo equipo, permite a las organizaciones medir de manera efectiva la exposición a las amenazas.
Aprendizaje a través de la simulación
La mejor manera de crear y desarrollar instintos de caza de amenazas es replicar el ataque en un entorno controlado. Un buen punto de partida es el volcado de certificados. Ejecute una herramienta como Mimikatz en un entorno de laboratorio con el registro completamente habilitado para obtener información valiosa.
Los analistas pueden examinar qué procesos se activan, qué dependencias se cargan y cómo se registran los eventos en todo el sistema. Por ejemplo, puede buscar señales como, por ejemplo, ¿qué procesos se están ejecutando? ¿Qué DLL está cargado? ¿Existen ID de eventos desconocidos o relaciones inusuales entre procesos padre-hijo?
El objetivo no es sólo identificar indicadores, sino comprender el contexto más amplio en el que aparecen los ataques. Estos ejercicios prácticos capacitan a los analistas para identificar patrones de comportamiento malicioso. Cuando esos mismos patrones se observan en un entorno real, son más fáciles de detectar e interpretar con confianza.
Establecer cómo es lo “normal”
Una mejor búsqueda de amenazas depende del contexto. Sin una imagen clara de cómo se ve lo “normal” en su entorno, identificar anomalías se vuelve mucho más difícil de lo necesario. Por eso es esencial establecer una línea de base.
Crear esta línea de base no requiere un punto de partida complejo. Puede comenzar con una única fuente de datos, registros de autenticación, actividad de DNS o eventos de creación de procesos. Con el tiempo, surgen patrones. Los equipos comienzan a reconocer qué cuentas suelen estar activas, cómo interactúan los sistemas y qué flujos de tráfico se esperan.
Capture todos estos detalles y estas observaciones a medida que avanza. La documentación de las observaciones crea un punto de referencia y las desviaciones se vuelven más visibles a medida que aumenta la familiaridad con el entorno. Lo que antes parecía ruido comienza a revelarse como un peligro potencial.
Investigación inesperada
Es importante destacar que su primera tarea no es simplemente declarar si algo es bueno o malo. Aunque el instinto es categorizarlo rápidamente, la prioridad es entender qué es una amenaza.
Esto significa comenzar con lo básico y examinar el contexto que rodea el evento. ¿Quién inicia el proceso? ¿Qué sistemas estuvieron involucrados? ¿Qué más estaba pasando al mismo tiempo? ¿El comportamiento se alinea con las líneas de base establecidas?
Amplíe la búsqueda desde allí. ¿Se muestra el mismo comando o proceso en otros lugares? ¿Aparece la misma IP en otros registros? ¿Hay señales de movimiento lateral o comportamiento repetitivo en todo el sistema?
No todas las anomalías indicarán una amenaza, crearán una nueva regla de detección, desencadenarán una alerta interna o proporcionarán un punto de referencia útil. Pero cada investigación mantiene el programa de seguridad un poco más afinado y ayuda a desarrollar sus instintos.
Priorizar los datos correctos
Un obstáculo común para la caza de amenazas no es la falta de información, sino su exceso. La información suele estar fragmentada en varios sistemas, lo que dificulta su acceso y análisis eficiente.
Para que la búsqueda de amenazas sea eficaz, los datos deben ser accesibles y significativos. Esto incluye telemetría de terminales, tráfico de red, registros de autenticación y actividad de DNS. Igualmente importante es la capacidad de enriquecer y correlacionar estos datos de una manera que respalde una investigación rápida.
Sin este nivel de visibilidad, incluso los analistas experimentados se ven limitados en lo que pueden descubrir. La atención no debe centrarse en recopilar más datos, sino en garantizar que los datos disponibles puedan utilizarse de forma eficaz.
Trate la caza de amenazas como un ejercicio, no como un proyecto
La caza de amenazas no es un ejercicio en solitario. Es una disciplina que se desarrolla a través de la repetición en el tiempo. Piense en ello como si desarrollara su memoria muscular de reconocimiento.
Es posible que los esfuerzos iniciales no siempre produzcan resultados significativos, y esto es parte del proceso. Cada investigación contribuye a una comprensión más profunda de los sistemas y el comportamiento.
A medida que aumenta la experiencia, también aumenta la habilidad. Los analistas comienzan a hacer preguntas más específicas, reconocer patrones más rápidamente e identificar riesgos que antes pasaban desapercibidos.
Este ejercicio continuo fortalece su capacidad para detectar amenazas individuales y la postura de seguridad más amplia de la organización. Te encontrarás en una posición en la que podrás empezar a apoyarte no sólo en la fe, sino también en tus instintos.
Incorporar la caza de amenazas en las actividades cotidianas
En última instancia, la caza de amenazas tiene que ver con la resiliencia. Esto desafía la suposición de que las herramientas existentes captarán todo y anima a los equipos a buscar de forma proactiva lo que sus herramientas han omitido.
Al incorporar este enfoque en las operaciones diarias, las organizaciones están mejor equipadas para detectar amenazas antes y responder de manera más efectiva. Se trata de reducir la incertidumbre, acortar la ventana de exposición y dar a las empresas más control sobre los riesgos que de otro modo desaparecerían.
El principio es simple. Sea curioso. Cuestiona lo que ves. Y nunca asumas que el silencio significa que estás a salvo.
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