Un año después de que el gobierno anunciara su Plan de Acción de Inclusión Digital, hay claros avances que reconocer.
Hemos visto pasos para poner más dispositivos en manos de las personas, aumentar las habilidades digitales y brindar apoyo adicional a quienes más lo necesitan.
Estos son pasos positivos, sin duda. Pero aquí está el problema: estos esfuerzos están ayudando a resolver problemas visibles, no abordan la raíz del problema.
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Líder del Sector Público, Vodafone Business.
Cuando pensamos en la inclusión digital, resulta tentador centrarnos únicamente en los dispositivos y las habilidades. Por supuesto, tener una computadora portátil o una tableta (y saber cómo usarla) parece un obstáculo obvio que hay que superar. Pero aquí está la cuestión: sin una conectividad confiable, segura y escalable, estos dispositivos son prácticamente inútiles. Cuando la conectividad disminuye, el progreso hacia la inclusión se pierde.
Y la magnitud del desafío sigue siendo significativa: alrededor de 1,7 millones de hogares del Reino Unido todavía están desconectados digitalmente, mientras que millones más carecen de la confianza o las habilidades para participar plenamente en línea.
De hecho, nuestro informe 4 Million sugiere que el 66% de las personas en el Reino Unido no creen tener las habilidades para involucrarse plenamente con la tecnología digital, lo que refuerza cuán amplia sigue siendo la brecha de inclusión. Y ya está funcionando en todos los servicios públicos.
Presión sobre los servicios públicos
Desde la atención sanitaria y la educación hasta los gobiernos locales, la demanda de servicios digitales se está acelerando a un ritmo que las infraestructuras existentes luchan por igualar. El público ahora espera servicios fluidos y siempre disponibles
Estas expectativas no son creadas por el gobierno, sino por su experiencia con el sector privado. Reservar citas, acceder a registros y solicitar asistencia es cada vez más digital y requiere muchos datos.
Al mismo tiempo, estos servicios públicos dependen del movimiento y almacenamiento de grandes cantidades de datos personales altamente sensibles. La conectividad se convierte en la columna vertebral de la entrega, su resiliencia y seguridad son parte integral de la calidad del servicio.
El riesgo no es sólo que las personas no puedan acceder a los servicios, sino que los sistemas de los que dependen sean frágiles o poco fiables. La conectividad ya no es sólo un facilitador de acceso. Es un punto de debilidad sistémica si no se diseña y gestiona adecuadamente.
Resiliencia desde el acceso
La importancia de hacer esto bien va más allá de la conveniencia. La exclusión digital conduce a una mayor desigualdad que dificulta que las personas accedan a la atención sanitaria, la educación y las oportunidades de empleo y aumenta el aislamiento social.
Sin embargo, la conectividad todavía se considera a menudo un requisito básico, en lugar de la capacidad crítica en la que se ha convertido.
Si el Reino Unido realmente quiere hacer realidad la inclusión digital, las cosas deben cambiar. La conectividad debe considerarse un activo nacional vital, tan importante para nuestros servicios públicos como las carreteras, el ferrocarril o la electricidad.
Y parece que el público ahora está de acuerdo con que más del 70% de las personas consideran que el acceso a Internet es esencial para su vida diaria. Para muchos, no se trata sólo de comodidad: es fundamental para cuidar sus finanzas, acceder a servicios importantes y mantenerse bien.
La IA ampliará la brecha digital
Este cambio de mentalidad se vuelve aún más urgente a medida que se afianza la próxima ola de transformación digital. Tecnologías como la inteligencia artificial no se ubicarán por encima de los sistemas existentes. Dependerán de ellos.
La IA tiene el potencial de transformarlo todo, desde los diagnósticos sanitarios hasta la eficiencia administrativa de los gobiernos locales. Pero su eficacia depende de una conexión rápida, fiable y segura. Sin esa base, la IA no crecerá y sus beneficios no se distribuirán equitativamente.
Sin una conectividad adecuada, estas tecnologías corren el riesgo de reforzar las desigualdades que la inclusión digital busca abordar. Quienes tengan acceso a redes de alta calidad se beneficiarán de servicios más rápidos y con mayor capacidad de respuesta. Otros quedarán aún más rezagados.
Por lo tanto, la inclusión y la seguridad deben diseñarse juntas y no considerarse prioridades contrapuestas.
Es alentador que ya haya ejemplos de cómo puede ser el progreso. Las iniciativas centradas en mejorar el acceso a la conectividad, los dispositivos y las habilidades ya han ayudado a millones de personas y empresas a superar la brecha digital, demostrando lo que es posible cuando se toman medidas concertadas.
Sin embargo, ampliar este impacto requerirá un enfoque más integrado y estratégico.
Vincular centros de políticas e inversión
En primer lugar, es necesario establecer vínculos entre el pensamiento político en todos los niveles, desde las estrategias nacionales hasta el diseño de servicios locales. No puede permanecer aislado de los debates sobre las habilidades digitales o la provisión de dispositivos.
En segundo lugar, la inversión en infraestructura de red debe seguir el ritmo de la demanda. Esto incluye no sólo aumentar la cobertura sino también aumentar la capacidad y la resiliencia para soportar servicios cada vez más complejos y con uso intensivo de datos.
En tercer lugar, la seguridad debe incorporarse desde el principio. A medida que las amenazas a la seguridad cibernética continúan evolucionando, los servicios públicos no pueden modernizar las medidas de seguridad una vez que los sistemas ya están operativos. La conectividad segura por diseño debería ser el estándar, no la excepción.
En última instancia, la colaboración será clave. Ninguna organización puede afrontar estos desafíos por sí sola. El gobierno, la industria y el ecosistema en general deben trabajar juntos para garantizar que la conectividad respalde tanto la innovación como la inclusión.
El Reino Unido ha logrado avances significativos en su camino hacia la inclusión digital durante el año pasado, pero si no se cierra la brecha de conectividad, esos avances corren el riesgo de ser frágiles.
La inclusión digital no se trata sólo de hacer que las personas estén en línea. Garantizar que pueda participar de forma plena, segura y fiable en una sociedad cada vez más digital.
La inclusión digital significa más que simplemente conectar a las personas a Internet. A medida que nuestra sociedad se vuelve cada vez más digital, es imperativo que todos tengan una oportunidad justa de participar en la vida contemporánea con confianza, seguridad y confiabilidad.
Y comienza con la conexión.
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