- El informe encontró que cinco naciones insulares dependen completamente de un vulnerable cable submarino de Internet.
- La mayoría de las fallas de cables submarinos del mundo ocurren cada año debido al fondeo accidental de barcos.
- Las pequeñas naciones insulares están peligrosamente expuestas a apagones totales de Internet en todo el país
Un nuevo informe ha destacado cómo las 48 naciones insulares del mundo, incluidas economías importantes como el Reino Unido, Japón e Indonesia, dependen de sólo 126 cables submarinos para sus conexiones a Internet.
Estos cables a menudo no son más gruesos que una manguera de jardín, lo que los hace sorprendentemente vulnerables a daños accidentales o vandalismo intencional.
El Comité Internacional de Protección de Cables informa de 150 a 200 fallas submarinas cada año, de las cuales entre el 70 y el 80% resultan de acciones humanas accidentales, como el fondeo, mientras que otras surgen de fallas técnicas, desastres naturales o sospechas de acciones maliciosas que son difíciles de probar.
¿Qué naciones insulares enfrentan el mayor riesgo de aislamiento?
Para determinar el nivel de vulnerabilidad de estas naciones insulares, Comparitech analizó tres factores, incluido el número de conexiones de cable, el nivel de actividad pesquera y la proximidad a un conflicto armado activo.
El estudio asignó una puntuación de 0, que representa el riesgo más bajo, a 8, que representa la exposición más grave.
Nueva Zelanda obtiene una puntuación de 0 porque tiene más de 10 cables diferentes, no está involucrada en conflictos armados y tiene una actividad pesquera industrial relativamente modesta.
Islandia surgió como el país europeo más vulnerable con una puntuación general de 5. Brunei y Bahrein obtuvieron 6 cada uno, lo que los convierte en los estados insulares más vulnerables de Asia en el estudio.
Las cinco pequeñas naciones insulares escasamente pobladas están conectadas sólo por un único cable submarino sin opción de respaldo disponible.
Tuvalu depende del cable VAKA de 668 kilómetros, que es sólo el comienzo de un sistema regional más amplio.
La conexión principal con Nauru alimenta el sistema de cable de Micronesia Oriental de 2.250 kilómetros, que debe conectarse con otras redes para llegar a Guam.
Kiribati depende en gran medida del cable Southern Cross NEXT de 13.700 kilómetros para todas sus necesidades de conectividad.
Todos los países con un solo cable corren un gran riesgo porque cualquier interrupción de ese cable significa un apagón total para todo el país.
Por ejemplo, en 2022, Tonga perdió el acceso a Internet en todo el país durante más de cinco semanas después de que un volcán oceánico cortara su única conexión por cable.
Las tensiones geopolíticas están convirtiendo el fondo del océano en un nuevo campo de batalla
Las crecientes sensibilidades geopolíticas en torno a los cables submarinos, junto con los informes de reconocimiento, muestran cómo estos sistemas se consideran cada vez más activos militares estratégicos.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán reveló recientemente que había mapeado la ubicación de los cables a través del Estrecho de Ormuz, poniendo en riesgo significativo la infraestructura digital de la región.
El ejército del Reino Unido ha rastreado submarinos rusos que realizan trabajos de reconocimiento en cables en el Océano Atlántico Norte.
China ha probado con éxito un cortador de cables que opera a profundidades de hasta 4.000 metros utilizando sumergibles avanzados tripulados y no tripulados.
La vulnerabilidad de las naciones insulares a las interrupciones de los cables submarinos no es tanto una cuestión de si se producirán cortes como de cuándo y con qué intensidad se sentirán.
La conectividad está muy concentrada y, en algunos casos, se basa en sistemas únicos o ramales indirectos que no proporcionan redundancia en caso de problemas.
Mientras que las grandes economías como el Reino Unido o Japón se benefician de una amplia redundancia y múltiples puntos de aterrizaje, los países más pequeños y remotos enfrentan un completo aislamiento estructural.
Esta exposición se ve agravada por la dificultad de monitorear y proteger la infraestructura que abarca miles de kilómetros de fondo marino.
La flota de reparación tiene sólo cuatro embarcaciones exclusivas en todo el mundo, mientras que la propiedad del cable se concentra entre unos pocos operadores, lo que hace que los nuevos sistemas sean demasiado costosos para los países más pequeños.
Hasta que las naciones más pequeñas adquieran conexiones alternativas o barcos de reparación dedicados, seguirán siendo un cable roto de la oscuridad digital, una vulnerabilidad que los adversarios ya están mapeando.
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